Domingo II de Adviento 06 12 09 ( Lc 3,1-6) ¡PREPARAD LOS CAMINOS DEL SEÑOR…!
La liturgia, en este II domingo de Adviento, actualiza el espíritu, personalidad y misión del Precursor de Jesús: Juan. Como precursor y fiel a su misión profética, enseñó al pueblo a caminar en esperanza.
Lucas, en el Evangelio, presenta la figura de Juan Bautista: vocación, actividad, significado y propósito de su misión, a la luz de un texto del libro de los oráculos de Isaías.
“Vino la Palabra de Dios sobre Juan...” Expresión que define la investidura de todo profeta. Juan, el hijo de Isabel y Zacarías, que se ha preparado en la soledad y el silencio del desierto, recibe la Palabra, el mandato de Dios; se transforma en predicador de multitudes: “Voz del que grita en el desierto: preparad el camino del Señor...”.
San Lucas encuadra este paso decisivo de la vida del Precursor en un espacio y tiempo definido, haciendo referencia a las autoridades políticas y religiosas, del orbe conocido en aquel momento y como preludio del comienzo de la vida pública de Jesús. Trasmite, con exactitud y firmeza, que el Cristianismo no es una teoría abstracta, sino un hecho histórico real y eficazmente enraizado en la historia del mundo. Considera la manifestación de Jesús, de la que fue heraldo el Precursor, como un acontecimiento de interés universal.
“Predicando un bautismo de conversión...”Propósito de la actividad de Juan, como predicador, como heraldo, lograr la conversión, del pueblo a través del “bautismo de agua”.
Conversión, cambio cualitativo, transformar desde lo más profundo, a partir del corazón; cambiar el mal en bien. Sin auténtica conversión que implica un compromiso social, el “bautismo” - baño sagrado en el Jordán –, signo y expresión del “perdón de los pecados”, carecería de sentido, para todos los que esperaban al Mesías.
“Voz del que grita en el desierto: preparad el camino del Señor...” Palabras que definen, en las profecías y en los cuatro evangelios, la misión del Precursor. Anhelo que, en primer lugar y en sentido material, se refieren al retorno del destierro del Pueblo de Israel e invitaban poéticamente a construir a través del desierto, que media entre Babilonia y Palestina, un camino llano, sin montes ni valles y suave para que por él pasase el Señor al frente de su pueblo liberado.( Cf. Isaías-Baruc).
Estas expresiones, además, tienen un sentido alegórico. Es el que le da el Evangelio: Los “montes” y demás obstáculos significan la mala voluntad de los hombres. El orgullo, pereza y egoísmos, si no se “allanan”, rectifican, suavizan, no vendrá el Señor a liberarnos.
El texto citado por San Lucas termina con optimismo: “Todo el mundo verá la Salvación de Dios”. ( Cfr. Lc 2,30). Mensaje universal pleno de optimismo.
La Salvación de Dios es Jesús. “Ver” a Jesús significa reconocerlo, aceptarlo y gozar su presencia: ¡Jesucristo es de todos! Una vez más, en este tiempo de Adviento, abramos nuestro corazón y vida a la esperanza aunque no deje de preocuparnos el pensar que, muchos, teniéndolo tan cerca no sepan “ver”, rechacen “la Salvación”.
Compromiso y tarea, mediante buenas obras… ¡Preparar los caminos del Señor!
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Comentarios
muy lindo texto. Tremendamente claro e inspirador. No pude asistir ayer, pero el texto casi me valió el haber estado allí. Muchas Gracias!
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