| Domingo XIV Tiempo Ord |
| Domingo, 03 de Julio de 2011 15:22 |
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Domingo XIV Tiempo Ord (3.07.2011)
En la vida de Jesús la acción de gracias y la alabanza ocupan un lugar central. El de hoy es significativo: el amor de Dios está en el origen de todo y en la raíz de todo. La alabanza y la acción de gracias son muy importantes porque nos sitúan en la realidad: Somos agraciados con dones personales y con el gran don de la vida... Jesús dice: “Todo me lo ha entregado mi Padre” Jesús tiene conciencia de que todo lo recibe del Padre. Nosotros podemos decir lo mismo, podemos reconocer que todo nos ha sido dado..., es su Amor el que nos lo está dando todo en cada momento. La acción de gracias nos ayuda a reconocer nuestros dones, a reconocer el gran don de la vida. “Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados que yo os aliviaré”... Qué bien poder escuchar hoy estas palabras de Jesús… Son tres invitaciones: “venid a mí”, “cargad con mi yugo”, y “aprended de mí”. Jesús se dirige a todos los cansados, a los que andan sin sentido, a aquellos que no pueden más, a los que dejamos al margen, a los abatidos por los sufrimientos de la vida.... Ahí, entre esos “cansados y agobiados” podemos estar también nosotros... Las limitaciones personales, la enfermedad, las ilusiones no realizadas, nuestras frustraciones, los desencantos vividos, la situación de injusticia en el mundo y las dificultades de la misma Iglesia… Todas estas cosas pueden herirnos y dejarnos una sensación de pesimismo, de cansancio y de desesperanza pero Jesús nos dice: “Venid a mí todos”... “todos”, nadie está excluido de su Amor. Sí, este amor no excluye a nadie y libera a todos, este amor ilumina la oscuridad de nuestra vida y llena los vacíos de nuestro corazón. Él, Jesús, es el verdadero consuelo más allá de toda palabrería. ¿Dónde encontrar descanso y sosiego en una sociedad marcada por las prisas, la competencia y la ansiedad? “Buscador apasionado de un amor de eternidad, ¿sabrás dónde reposar tu corazón?” (H. Roger de Taizé). En el encuentro contigo, Señor Resucitado, encontramos un lugar de descanso, un lugar para dejar descansar nuestro corazón inquieto: “Nos has hecho, Señor, para ti y nuestro corazón está inquieto hasta que descansa en Ti” (San Agustín). Todo se pasa, quien a Dios tiene nada le falta… Francesc Mulet |